Un viaje a tierras enemigas

Les escuché decir a los vecinos de mi barrio, que suelen juntarse aún en un bar de esquina (obsérvese que un bar que presuma de su esencia debe estar ahí, en una esquina) que lo mejor de los viajes son los preparativos, la planificación, el armado del itinerario, imaginar la temperatura que nos recibirá y qué comidas locales nos esperan.

Más allá de algún desencuentro con el talle de la ropa de verano que pretendía llevar (eso confirma que la indumentaria carece de consciencia, ya que no evoluciona con los años y la reflexión) el imaginar el próximo viaje generalmente elegido expande las

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