¿Sabemos quiénes somos?

“Tú eres la consciencia, disfrazada de persona”-Eckart Tolle.

Hablemos del ser humano, ya que nos toca de cerca. Miremos qué somos.
Se ha dicho muchas veces que, como especie animal, estamos dotados de una característica supuestamente única que es la de tener conciencia de nuestra muerte inevitable, de nuestra finitud. Aunque como Borges dijo alguna vez, cada existencia humana es un desafío a la inmortalidad. Queda evidente que esa certeza de muerte la escondemos todos los días con gran cantidad de artilugios y afanes. Creo que no podríamos emprender nada importante si nos dominara la imagen de nuestro propio velatorio.

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Mi propuesta aquí es tratar de diseccionar nuestro ser, desarmarlo en componentes para entender a través de un simple análisis cómo y qué somos.

Nos manifestamos a través de acciones. Ellas pueden ser movimientos de nuestro cuerpo y/o palabras. O sea, aquí aparece un componente necesario para aquellas acciones: el cuerpo. Estos movimientos son originados de manera voluntaria o involuntaria. Los voluntarios se han generado por instrucciones del cerebro, los movimientos involuntarios también. Lo cual nos presenta a otro protagonista: el cerebro. Órgano gelatinoso de alrededor de un kilo y medio de peso, que consume buena parte de nuestra energía. El cerebro es el domicilio legal y real de nuestra mente, siendo ésta invisible para el ojo humano, pero tangible a través de su producción más prolífica: los pensamientos. Hemos leído por allí que podemos tener hasta cinco mil pensamientos por día, la gran mayoría de ellos inútiles. Sin embargo, sí que son influyentes en nuestra vida. La mente se ofrece como pantalla para que ellos actúen en el plano consciente, titulando (poniéndole nombre) a emociones como sentimientos y consolidando nuestra personalidad.
Ya casi estamos terminando con la descripción sinóptica de un ser humano.
Decimos casi, porque nos falta algo. Nos quedamos pensando…quién está pensando?…quién está detrás de ese monólogo interno cuasi permanente?. Hay un actor esencial (y nunca mejor dicho) que integra cuerpo y mente tal como lo describimos antes. Es la consciencia, o el espíritu o el alma. Es la consciencia quien alberga el motor de nuestro ser. Allí anida la voluntad de cambio, de unidad con la humanidad y universo entero. Por ese motivo, hoy la espiritualidad se ha transformado en objeto de atención y Occidente se nutre del Oriente que desde hace cinco mil años ha concentrado su mirada en la consciencia. Es lo que somos, antes del pensamiento, emociones y acciones o movimientos. Eso somos: cuerpo, mente y espíritu, en una alineación maravillosa, misteriosa, mágica.
Es la consciencia ese misterio que anima (le da vida) a la humanidad, que integra como las células de nuestro cuerpo, a cada uno de nosotros. Dicen algunos que en la consciencia reside el Amor (así con mayúsculas) que muchos de nosotros hemos conocido y cuando es así sólo nos impulsa a compartir y expandir.
¿Y el ego?

Necesitamos ser y no saber…Experimentar y no acumular conocimientos.

Sabemos que estos temas son de difícil comprensión porque nos hemos negado y nos han distraído para no ver. Son aspectos de nuestra vida que hacen la diferencia y que nos acercan a la paz (ausencia de sufrimiento). El Reino de Dios, el Paraíso, la Paz está dentro nuestro… ¡de ésto se trataba! De buscarlo aquí dentro, no afuera. Es ese viaje hacia ese infinito interno que debemos retratar para replicar en nuestras redes sociales.
En estos tiempos, muchos nos hemos enterado que el statu quo ya no nos alimenta, que algo más debe haber, que es necesario traspasar fronteras.
¿Y si emprendemos ese viaje hacia esos rincones desconocidos de nuestro ser? No hace falta pasaporte. Es un viaje no exento de emociones y descubrimientos fascinantes. ¿Nos animamos?

Nota: existe una diferencia entre conciencia y consciencia, además de una “s». Conciencia es la conexión con los sentidos, estar alertas. Además, conciencia en la moral cristiana es la voz interna que nos indica el bien y el mal. La consciencia es la conexión con nuestra esencia, con nuestro ser.

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