Mentorear Mentores o Cómo elegí el camino del Mentoring hace tiempo y sin saberlo.

Aníbal Rodolico Mentor IPM – Bienfenix

¿Para qué me pasa esto que me pasa?
Empiezo preguntándome esto cuando me invitaron a dar mi examen para certificarme como Mentor en RGM, y acepte el desafío de tornarme IPM. Soy profesional universitario, tengo mucha experiencia en el área comercial, he trabajado como traductor y soy fotógrafo. Y, sin embargo, me he sentido realmente pleno al frente de una clase, compartiendo. Mi primera experiencia fue hace muchos años atrás en Brasil. Vivía en San Pablo y una amiga Directora de una escuela me invita a dar una charla. Había que presentarle a los chicos características de México y el mexicano invitado, ese día no podía ir. Mi amiga me conocía, y sabía que podía hablar en portugués y en español, por ser argentino, y acepté ir a la clase con los chicos.
Pensé en cuánto sabía yo de los mexicanos, de su cultura y qué podía contarles que fuera de interés. Cuarenta minutos con diez o quince niños de cinco años aburridos, podría ser una situación algo complicada. No podía mentirles sobre mi nacionalidad y tampoco quería hacerlo. Así que decidí encararlo con honestidad y desde mi experiencia empírica. Había estado en el DF hacía muchos años y conocía algunos lugares y la historia de los aztecas. Sabía que a los chicos les gustaría escuchar música, pues siempre es lindo y alegra una clase. La historia del saludo de cumpleaños en México – Las mañanitas- también era linda y diferente del saludo brasilero. En un rato, apelando a mi experiencia y a lo que sabía, había logrado juntar elementos para armar una charla. No haría falta hablar del Chavo del 8, pues ellos ya lo conocían y lo veían en la televisión. Había un detalle más, que para los chicos de esa edad es muy importante, la alimentación. Qué sorpresa se llevarían al saber que el chocolate, ese favorito de grandes y chicos, lo habían llevado a Europa desde México, así como el tomate, un fruto de la dieta diaria, conocido por todos.
Allá me fui entonces a dar mi clase. Los chicos estaban contentos con el evento, les conté del idioma que hablaba yo, que era parecido al de los mexicanos y las cosas que había preparado. Los guié con preguntas, preguntando si habían estado alguna vez, o si sabían dónde quedaba, hablamos de la bandera, del DF y un poquito de los aztecas. Sabía por experiencia con mi hija, que si me iba de largo con las explicaciones, empezarían a perder el interés. Canté con los mariachis, y conté la historia del cacao, del Xocoatl y del tomate, ante la mirada sorprendida de los pequeños.
Al año siguiente me torné profesor de español en la misma escuela, y durante dos años maravillosos desarrollé programas de enseñanza, acompañé el desarrollo de actividades de intercambio de libros y correspondencia de los chicos con alumnos de portugués de una escuela primaria en Buenos Aires, y preparé alumnos para dar exámenes, que con el tiempo se tornaron profesionales, y me visitaban para hablar en español conmigo y con mi familia. También salté a la soga y jugué al fútbol en los recreos. Me hicieron muchos goles los chicos de tercero y cuarto grado en los recreos, porque como arquero, era un queso.
Aprendí en esa primera experiencia, de ellos, y con ellos, que quería estar ahí y darles lo que sabía. Animarlos a descubrir el mundo desde mi experiencia. Que se empoderaran contando en sus casas la historia del cacao o del tomate y que, en los cumpleaños por festejar, habría una canción más, aparte del conocido «Parabéns». Y después pudieron cantar en español, leer y, al visitar Buenos Aires de vacaciones familiares, ser los que se comunicaban en un bar, un restaurante o para pedir información en la calle.
Soy docente universitario y mantengo ese espíritu de desafío al dar mis clases a mis pares, porque no los considero alumnos. Todos en mi clase somos ambas cosas a la vez. Hoy me formé como Mentor, para seguir comunicando, guiando y creciendo espiritual, emocional e intelectualmente, para ser faro y guía. Creo que a mi primera charla, voy a llevar conmigo una semilla de cacao y una de tomate, para no perderme de vista.
‘’Si la ventana por la que contemplamos la vida es una ventana de limitaciones, nuestro comportamiento manifestará limitaciones. Si la ventana es una creencia en las capacidades ilimitadas de la mente y el cuerpo, y en nuestra capacidad de producir cambios en nuestra vida, nos abriremos a la amplísima capacidad potencial que tenemos todos a nuestra disposición’’.
Trinidad Hunt

2 comentarios en “Mentorear Mentores o Cómo elegí el camino del Mentoring hace tiempo y sin saberlo.”

  1. Anibal. Muy buena tú nota! Muy enriquecedora y ejemplar esa experiencia de brindar y compartir conocimiento, y de acompañamiento solidario a través de la docencia, en cualquiera de las áreas de aplicación de que se trate! La enseñanza o la educación constante y la investigación, junto a la solidaridad es lo que salva y preserva el futuro de toda sociedad que se precie y quiera progresar! Sin educación, y sin acompañamiento docente, no existe futuro posible. Felicitaciones!

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