Dime quién habla…!

Salimos de la cama con un estado conciente apenas encendido, y ya comienzan los diálogos…” que hace frío, qué mal que dormí, tengo que decirle al jefe, hoy juega Racing, tengo que cuidarme con las comidas, voy a pedir turno con el odontólogo, no me gusta lo que hago de mi vida, …”

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Cinco mil pensamientos diarios dicen los neurólogos que podemos producir en promedio los seres humanos y nosotros también…suena mucho, ¿no? Sobretodo comparando estas imágenes con las acciones diarias que emprendemos.

¿Pero quien nos habla? Nuestra vieja, esposo, novia, pareja, amigo, jefe, vecino, compañero de asiento del colectivo, ¿mi yo? ¿Quien le dio permiso a tanta gente a subirse a nuestro humilde y poblado cráneo para zapatear hemisferios derecho e izquierdo de tan inarmónica forma? ¿Cuánta gente se ducha con nosotros? ¿Cómo hacen para entrar tantos en el baño?
Me dicen por ahí que tenemos que dejarnos llevar por la intuición. ¿OK, pero alguien nos puede decir cuál de todas esas voces es la posta, la verdadera? ¿Cuál de todos los locutores intrarradiales que llevo entre mis oídos es mi intuición?

A veces tenemos ganas de no escuchar tanto barullo interior y elegimos evadirnos. Música sin sentido y mucho ritmo, maratones de series netflixescas, conversaciones huecas, y sustancias que nos modifican la percepción y el pensamiento. ¡Listo! Ahora se escuchan otros sonidos, algo mas huecos, algo mas graves, pero no son las mismas voces conocidas…las mías.

¿Y los sueños? ¿No son también el escenario elegido por algunas voces que utilizan el lenguaje onírico para hacernos saber por donde mirar y explorar? Claro que sí. Hay que estar atentos a sus mensajes, a veces disparatados, pero también en otros llenos de sentido, mostrando nuestras preocupaciones y posibles salidas, o simplemente liberando deseos reprimidos. Los sueños guardan mucha información. Deberíamos prestar más atención a nuestros deseos expresados en ese otro plano desvalorizado a veces, nos dicen acerca de aquello que susurra desde nuestra esencia.

Es necesario silenciar a todas esas voces para que hable la única a la que debemos escuchar, esa que se expresa desde la esencia, desde el corazón, desde el ser.
El silencio es aquello que ocurre entre dos sonidos. Es el ingrediente esencial de la música, sin el no habría ritmo ni melodía. Sin silencio no es posible dialogar creativamente. Sin estar en silencio no puedo encontrarme conmigo.
Del silencio nace la inspiración, para mi vida diaria, tan necesitada de explorar otros caminos, y de la creación artística. ¿O acaso vivir no es un arte? Aunque la mayoría de las veces, nuestro transcurrir por la experiencia humana se ha transformado en una secuencia automática de movimientos que cambia su lógica según el rol que nos toca representar: familia, trabajo, amistad, soledad. Atención con la automaticidad, que los robots vienen marchando. ¡Defendamos lo nuestro! Estemos presentes. Conectemos con la voz cordial, ese susurro interno que viene de nuestro centro de existencia. De ese silencio interno, al que debemos ayudar con el que nos rodea, surgirá la voz autentica. No habrá dudas, ya que esa conciencia de raíz irracional, nos lo hará saber. Esa voz tiene un timbre inconfundible, acaricia y nos impulsa a la acción. Por eso la mente, siempre inclinada a la siesta, a la automaticidad, al ahorro energético, trata de esconderla, de rodearla de otras voces, de pensamientos, de razonamientos que ocultan el impulso desde la esencia. Pero no acallemos los pensamientos forzadamente, dejemos que transiten como nubes que surcan el cielo, mirémoslos. Y cuando aparezca el claro, el silencio, allí encontraremos nuestra voz.Fotos de stock gratuitas de agua, amanecer, cierto, dramático

Esa voz será la que nos inspire, la que nos empuje a nuevos desafíos, a no quedarnos, a persistir, a crecer. Hay que tener el oído fino para diferenciarla de aquella que nos maniata, nos detiene, nos conforma, nos limita. Estas voces suelen tener el mismo volumen, el mismo caudal de sonido, pero hay algo que las identifica, una vibración que hace que intervenga el corazón y no tanto la mente. A esa voz cordial (etimológicamente: eferente al corazón) es la que tenemos que seguir.

En un mundo poblado de ruidos, de auriculares con y sin cables, de bocinazos, de estruendos, de reggaeton, se hace necesario apelar al silencio para escucharnos a nosotros mismos y de allí a los demás. ¿Por qué no empezamos ahora?

2 comentarios en “Dime quién habla…!”

  1. Te felicito Lucio! Particularmente este artículo es excelente por la verdad de lo expresado, por lo profundo intuido y por reconocer que entre esa muchedumbre que puebla nuestra mente…habita un CENTRO DE PAZ Y LUZ donde nos espera quienes somos sin EGO ni máscaras ni anestesias adictivas…
    Dicen que para ENCONTRARNOS hay que aprender a PERDERSE…Del que NO SOMOS…
    Hermoso camino elegido…No llegaste a él porque sí…Y eso te animará a seguir y a alentar a otros en su PROPÓSITO.
    VAMOOOOS!

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