¿De qué hablamos cuando hablamos de felicidad?

De una charla TED del 2010 a cargo de Daniel Kahneman, (https://www.ted.com/talks/daniel_kahneman_the_riddle_of_experience_vs_memory?utm_campaign=tedspread&utm_medium=referral&utm_source=tedcomshare) puedo extraer los siguientes conceptos altamente sustanciosos acerca de la mente humana.

 

 

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Tratar de entender qué es la felicidad nos puede llevar a conceptos equívocos, que conviene evitar, para así acercarnos a su entendimiento más preciso.
El termino felicidad tiene varios significados, existiendo engaños cognitivos que nos pueden confundir.
No es lo mismo ser feliz con tu vida que estar feliz en tu vida.

Existe una confusión entre experiencia y memoria.
El yo experiencial sólo vive el presente. De esos presentes, el yo que recuerda extrae memorias, que se recrean en historias. O sea que nuestra memoria nos cuenta historias. Seguramente para facilitar su retención en la memoria, asociando hechos, imágenes, conceptos. Siempre la mente aplica el criterio de automaticidad, ahorro de energía, para su funcionamiento. Debe estar liviana de tareas para defendernos de los peligros que nos acechan: pelear o escapar. Son los reflejos del cerebro reptiliano primitivo.
Puede suceder que una experiencia que puede ser objetivamente mala, produzca una historia mucho mejor y ésta sea retenida en la memoria.
Una historia se compone de cambios significativos de hechos y de finales. Estos finales son mucho más importantes que los sucesos que componen el recuerdo.
La consecución de experiencias durante la vida se va perdiendo, aunque ellos componen la experiencia Vida.
El presente psicológico de una persona se lo ha medido en aproximadamente tres segundos, ésto significa que en una vida podemos tener seiscientos millones de presentes, en un mes son seiscientos mil presentes. Muchos de ellos no dejan rastros.
Tenemos que concluir que el yo que tiene experiencias y el yo que tiene historias son bien diferentes, y la influencia del tiempo en ellos es absolutamente distinta.
El yo que vive experiencias toma decisiones, mientras que el otro recuerda.
Podríamos preguntarnos por qué le damos mayor importancia a los recuerdos que a las experiencias vividas.
Encontraremos que entre esos dos yoes se alojan dos conceptos de felicidad.
No elegimos considerando las experiencias vividas, sino que decidimos futuros basados en recuerdos pasados.
La felicidad del que recuerda es un concepto que engloba la satisfacción que piensa tiene sobre su vida. La felicidad del que experimenta, tiene una baja correlatividad sobre el anterior, menor al 0,5.Blue Shorts

La felicidad tiene un componente alto de satisfacción al estar la gente con la que queremos ser acompañados.
No atendemos a las mismas cosas cuando pensamos en felicidad o bienestar.
El que decide es el yo que recuerda, en base a criterios diferentes al yo que experimenta. Por ejemplo, tomar la decisión de mudarse por el clima es basado en la temperatura promedio de la residencia actual y una proyección sobre el termómetro a encontrar en el nuevo destino.
Se realizó un estudio en Estados Unidos para entender la correlación entre el dinero y la felicidad y se encontró que existía una línea divisoria entre la miseria y una sensación de felicidad absolutamente chata, una vez superada la frontera de los 60.000 dólares anuales. Ésto es: más allá de los 60.000 dólares anuales de ingresos familiares, la gente sostenía una sensación de felicidad uniforme, sin correlación entre los ingresos superiores. En otras palabras: la gente más rica no es más feliz que aquella que supera la línea de la miseria.

Me pregunto entonces si para disfrutar la vida no es una buena receta estar presentes en esos seiscientos millones de instantes, para así enriquecer nuestros recuerdos que son la fuente de nuestras decisiones. De esta manera, tomaremos mejores caminos en nuestro viaje en la vida.

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